jueves, 13 de enero de 2011

La rebelión de las "máquinas"

Esta es la típica historia de creación contra creador. Si fuese James Cameron el elegido para ponerle título a este desconocido pero decisivo fragmento de la historia, lo llamaría torpemente: Terminator, la rebelión de las máquinas.
Bromas a parte, no tenemos muchas pistas para comprender bien qué pudo pasar. Solo contamos con un par de textos en la Biblia más un relato de una conocida escritora cristiana, Ellen White, la cual aporta luz sobre los hechos.
Para el que quiera ir directamente al texto, puede leer en la Biblia Ezequiel 28:11- 19. Para completar la lectura pueden leer el primer capítulo del libro de Ellen White: Patriarcas y Profetas. También quiero indicar que este relato puede parecer extraño al que no este familiarizado con el lenguaje bíblico ni con su línea de pensamiento. Por lo tanto, intentare simplificarlo al máximo en los próximos artículos. Aún así, soy incapaz de presentar respuestas a todas las preguntas que puedan surgir ya que yo mismo tengo mis propias preguntas sin contestar.
Para empezar a abordar este tema, es importante responder al cuando. Como ya hemos visto en otros artículos, en el principio de todas las cosas está Dios. Este existe antes que existe todo lo creado. También es difícil saber cuando, en toda la actividad creativa de Dios, fue la tierra creada. Por lo que menciona la Biblia, podemos intuir que existen otros planetas con otras formas de vida antes que Dios coloque al hombre en la tierra.
El origen del conflicto entre el bien y el mal se sitúa en el tiempo antes de la creación de la vida en la tierra. Leyendo Ellen White podemos intuir que no fue mucho antes de la creación de la vida en la tierra, ya que esta juega un papel importante en el conflicto.
En nuestro próximo articulo, veremos quienes son los actores principales de este conflicto y cómo se originó.

Bien vs Mal

Bien y mal.
He aquí dos conceptos que impregnan absolutamente todo lo que conocemos. Aunque algunas religiones y filosofías han intentado eliminarlos o relativizarlos, su marca está presente en las grandes religiones y filosofías de nuestro planeta. Y la mayoría señalan como origen de estos dos conceptos a dos entes radicalmente opuestos, las cuales en un momento dado dan comienzo a una milenaria confrontación.
El conflicto entre el bien y el mal ha cautivado a la humanidad desde sus principios, y prueba de esto son sus innumerables representaciones artísticas. En la literatura, autores como Víctor Hugo, J.R. Tolkien, León Tolstoi, John Bunyan, Charles Dickens, Julio Verne o C.S. Lewis han abordado este tema de maneras distintas. Unos enmarcan este conflicto dentro de la historia y otros dentro de la sicología, ciencia ficción o mera fantasía alegórica.
En otro tipo de arte, como son los cómics, el conflicto entre el bien y el mal ha acampado a sus anchas. Esto en gran parte se debe al boom de superhéroes americanos. Cada uno de ellos cuenta en sus aventuras con numerosas confrontaciones a temibles adversarios. Y es curioso ver como cada héroe tiene más de un enemigo. Por ejemplo, Batman no cuenta solo con el Joker, sino también con Harvey Two-Faces, Scarecrow, The Pengüin, Catwoman, Bane…
A su vez al darse cuenta la industria cinematográfica del suculento filón de las historias de esta vieja confrontación, se subió al carro de sus precarios comienzos, sacando películas como: Ben Hur, El Planeta de los Simios, Star Wars, Avatar, El Señor de los Anillos, Robin Hood, Superman, El Zorro, La Guerra de los mundos, Iron man… A todos nos gustan historias. Es como si fuesen parte de nosotros. Todos saltamos de alegría al ver como el héroe se escapa de una muerte segura, y todos lloramos al ver como el bien gana y el orden deseado se restablece.
Sinceramente creo que la razón por la que este tipo de historias nos fascina tanto es porque realmente forman parte de nuestro ser. La confrontación entre el bien y el mal parece ser un principio que asimilamos sin esfuerzo alguno, de manera natural. El niño de tres años ya juega a buenos y malos con sus juguetes, sin tener realmente una noción de lo que la lucha entre el bien y el mal implica.
En el último artículo vimos que el plan de Dios para la humanidad no se cumplió. Dios plantó en la mente del hombre la noción de eternidad, lo cual provoca que este último viva con la vista puesta en la eternidad y que no consiga asimilar la temporalidad de lo que le rodea. No obstante, hoy vivimos en un mundo temporal. ¿Qué ocurrió para que el hombre se encuentre viviendo en un mundo tan extraño a su propia mente?
La respuesta está en la primera confrontación entre el bien y el mal, la cual dio lugar al mundo que hoy conocemos. Lo que queda por ver ahora es: ¿qué, como y cuando ocurrió todo?
El sueño es real. ¿No te suena?
Esta es una de las frases más importantes de la exitosa película de ciencia ficción Origen (Inception en inglés). El film narra la aventura de un grupo de hombres que se adentran en el subconsciente de un individuo con el fin de introducir una idea en su mente. Pero los que hayan visto esta película saben muy bien que ese no es sino el argumento superficial de la película. De lo que trata realmente la película es de la posibilidad de manejar el tiempo a nuestro antojo para conseguir hacerlo eterno junto a quien amamos. Eso es justamente lo que hace el personaje de Leonardo Dicaprio: mantener vivo el recuerdo de su mujer, para así reencontrarse con ella en sueños. Ella está realmente muerta, pero en sus sueños en los cuales el tiempo es relativo, ella aparece ante él joven y hermosa, rogándole que vuelva a casa para no tener que separarse más.
Todo es una cuestión de tiempo. Vivimos siempre entre nuestros proyectos, los cuales proyectamos en la eternidad, y la cruda realidad, la cual nos recuerda que tal y como la vida es hoy, todo se acaba. El hecho que el hombre no consiga asimilar la temporalidad de la vida podría ser una señal que en realidad la humanidad no estaba, en sus orígenes, sometida al tiempo. ¿Cuál era el plan original de Dios para el hombre?
Dios creó al hombre del polvo, y sopló en su nariz aliento de vida (Génesis 2:7). De esta manera creó al hombre, y posteriormente a la mujer. Estos fueron hechos a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), y con la responsabilidad de dominar “sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre el ganado y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra.” El plan de Dios, tal y como se nos presenta en el Génesis, consiste un hombre con características divinas puesto como administrador de todo lo que vive en el planeta tierra.
¿Qué tenemos que comprender por características divinas? He aquí algunas ideas:
  • Dios es amor y crea al hombre con la capacidad de amar.
  • Dios es creador y crea al hombre con cierta capacidad para crear.
  • Dios es bueno y crea al hombre con la capacidad de hacer el bien.
  • Dios es un artista y crea al hombre con dotes artísticas.
  • Dios es eterno y crea al hombre inmortal.
  • Dios tiene planes que se inscriben más allá del tiempo y crea al hombre con la capacidad de planificar en la eternidad.
Dicho de otra manera, Dios planta la semilla de la eternidad en el corazón del hombre. Es interesante comprobar como esta semilla “eterna” es el único elemento que parece subsistir intacto a través de los siglos. El hombre ama y no concibe que un día tenga que dejar de amar. Cada ser humano vive y no concibe el fin de su vida. Cuando el hombre demuestra actitud demuestra ser un ser creado en otras circunstancias. El hecho que el hombre no acepte la temporalidad de este mundo da testimonio de que este no vivía en un principio bajo la tiranía de la temporalidad. La no aceptación de la temporalidad es uno de los pocos rasgos divinos que subsiste hoy en el hombre.
Pero la triste verdad es que todos morimos. Si este no era el plan de Dios… ¿Cómo puede ser que estemos ahora en este penoso estado?

Singularidades DIVINAS

En el artículo pasado afirmamos que Dios y los demás dioses no pueden ser puestos en el mismo saco; ya que mientras unos reflejan la miseria de sus creadores el otro se despunta como un ser que no parece haber salido del imaginario humano.
¿Pero por qué? Varias son las características que hacen al Dios bíblico especial.
  1. No solo perdura en el tiempo, sino que lo hace como un Dios completamente diferente a lo inventado por el hombre.
  2. Dios ha perdurado en el tiempo gracias a la profundidad de su mensaje, el cual ha cambiado el rumbo de millones de vidas.
  3. El es el quien crea al hombre y no el hombre que lo crea a él (Génesis 1:26). Mientras que la inmensa mayoría de los dioses reflejan exactamente las mismas actitudes y pensamientos que tiene la humanidad, Dios se sitúa fuera de la ecuación. Piensa y actúa de una manera completamente extraña para cualquier mente humana. Si aplicamos la lógica, concluimos que el Dios bíblico no es el fruto de la razón humana.
  4. Dios no tiene un lugar específico donde vivir. Según la Biblia, su presencia inunda todos los rincones del universo, empezando por lo más íntimo del corazón del hombre. Esto también quiere decir que no ha lugar donde esconderse de Dios.
  5. Dios existe antes que todo lo creado. Está fuera del tiempo y del espacio (Génesis 1:1, Juan 1:1).
  6. Dios es amor (1 Juan 4:16). La Biblia no afirma que Dios ama, que puede llegar a amar o que una de sus grandes cualidades sea el amor. Dios ES amor. Esto significa que la esencia de Dios es amor.
Aunque podría haber muchos puntos más que añadir a esta lista, considero que estos 6 nos ayudan a tener cierta idea de quién y como es Dios. Especialmente los dos últimos.
Dios es amor. Eso significa que el amor es el motor de todo lo que hace e inunda todos sus “para qué”. Este amor no es temporal, ya que si define la esencia de un Dios fuera del tiempo, este no puede ser otra cosa que atemporal.
Como ya hemos visto, Dios tenía un buen “para qué” para la creación del hombre. Era un proyecto de amor hacia cada ser humano que poblaría la tierra. Pero este, muy obviamente, no se ha cumplido. A pesar de esto, el hombre has buscado durante siglos comprender el por qué del estado actual de nuestro planeta y si este es realmente el estado en el que debería estar. Curiosamente, cuanto más investiga más se da cuenta que las respuestas a esta pregunta se encuentran más allá de lo completamente comprobable.
¿Por qué fuimos arrebatados, al igual que el bebé de nuestra ilustración, de los brazos de nuestro creador?
Te propongo intentar comprender todo esto, empezando por mirar con más profundidad cual era el plan inicial de Dios para la creación.

Dios vs dios

La prematura criatura rompe a llorar, sorprendida por el extraño cosquilleo del oxígeno inundando sus pequeños pulmones. Mamá coge con brazos cansados pero mirada tierna a ese ser humano de 49 centímetros y 3 kilos. La joven madre sonríe y acaricia con sumo cuidado la delicada mano de su hijita. Y de la forma más natural, el bebé apoya su cabecita en el pecho de su madre y escucha los latidos de su corazón. Rápidamente, su diminuto corazón comienza a latir al mismo ritmo que el de su madre. Las dos alzan los ojos, y el tiempo parece pararse. Un débil “te quiero” se escapa de los labios de la joven como el más suave de los susurros. Madre e hija están unidas de por vida. Pero de repente, alguien irrumpe en la habitación y se lleva al bebé.
Desde los primeros momentos de la historia de nuestro mundo, el ser humano se inventado fábulas, leyendas y mitos para explicar todo lo que le rodea. Todas estas incluían dioses, semidioses y seres fantásticos. Dioses como Zeus, Odín, Hades, Ra y compañía perduran hasta hoy en la mente del hombre. Tristemente, muchos sitúan a Dios en el mismo grupo considerando que el Dios descrito en la Biblia es una invención humana.
La película “Furia de Titanes”, a pesar de ser bastante poco ceñida a la verdadera mitología griega, aireó en la mente de muchos las peculiaridades de esta. En la película seguimos las aventuras de Perseo, hijo de Zeus y de una mortal, mientras intenta limpiar la superficie de la tierra de toda bestia inmunda dirigida por Hades. La película hace un excelente alegato ateo, afirmando el poderío del hombre y la sandez de los dioses. ¿Quién necesita creer en una multitud de dioses caprichosos, inmorales e incapaces de controlarse a ellos mismos? Nadie. Estorban. Pero no se puede decir lo mismo de Dios.
¿Por qué? Primeramente, porque un Dios tal y como se le describe en los textos bíblicos no puede salir de la imaginación de un ser humano. Zeus, por poner un ejemplo, está hecho a la imagen del hombre. Refleja la misma maldad y desatino existentes en el hombre. Un análisis detallado de la personalidad y de la vida de cada uno de estos dioses demuestra claramente su procedencia: la imaginación de una humanidad llena de maldad. El hombre crea a dios a su imagen y semejanza. Justo lo contrario de lo que se indica Dios, el cual no es creado ni a imagen ni a semejanza del hombre. Zeus y compañía han perdurado en el tiempo por su interés histórico y la belleza literaria de los relatos que protagonizan. Este no es el caso cuando se mira a Dios. La Biblia no es considerada especialmente por su belleza literaria, sino por el profundo contenido de cada una de sus líneas, las cuales proyectan la imagen de un Dios imposible de crear.
¿Podría el hombre imaginarse un ser tan perfecto, complejo y aparentemente lleno de amor como Dios? Si, pero curiosamente ninguno de los que pueden haber sido imaginados por el hombre han sobrevivido al implacable test del tiempo. El Dios creador y sustentador de todas las cosas tiene que tener algo más, algo que le ha hecho sobrevivir durante siglos.
En uno de los artículos anteriores, mencioné un versículo bíblico (Eclesiastés 3:11), que declaraba que Dios había plantado “eternidad” en el corazón del hombre. ¿Podría ser este el elemento que nos impide olvidarnos de Dios? ¿Podría ser la humanidad como el bebé arrebatado de los brazos de madre?

martes, 11 de enero de 2011

Dios

En el principio, estaba Dios.
Tal y como vengo repitiendo en los dos últimos artículos, el cristianismo, de ser verdad, es de una importancia crítica para cada ser humano en esta tierra. Este tiene como núcleo un Dios que creó al hombre con un proyecto bueno en cada uno de sus matices. El proyecto de Dios era bueno porque El es bueno. Por lo tanto, si Dios no existe, todo es mentira. Pero si existe, vale la pena intentar saber quien es.
En el principio, antes que existiese cualquier tipo de creación, estaba el creador (Juan 1:1). ¿Qué principio? El principio de la vida tal y como la conocemos o la conoceremos un día ¿Dónde estaba? Fuera de la barrera espacio-temporal que nos limita a ti, a mí, y a cualquier otra forma de vida que exista en el universo. ¿Cómo estaba? Vivo. Existía. Es importante tener en cuenta que la imagen que la Biblia proyecta de Dios no es ningún momento la de un dios etéreo, incorpóreo y místico. Más bien lo presenta como el ser más poderoso del universo y al mismo tiempo el más sensible y lleno de amor.
Como hemos indicado antes, Dios no está sometido al espacio o al tiempo. Este concepto es fácilmente olvidado por los que aseguran su no existencia. En demasiadas ocasiones solicitan que Dios se haga temporal y físico para probar al hombre que existe. Declaran la no existencia de Dios al afirmar que este no es física o temporalmente comprobable. Tristemente, no se dan cuenta de la paradoja que reside en sus afirmaciones: si el Creador tiene que hacerse visible y tangible para mostrar su existencia dejaría de ser un creador y pasaría a ser una creación. Como ya indique en un artículo pasado, la mente del hombre tiene serias dificultades a la hora de aceptar buscar respuestas más allá de la barrera espacio-temporal que impregna todo lo creado. La educación que se nos imparte desde nuestra infancia tiene parte de culpa. La existencia de Dios no puede pasar por la probeta espacio- tiempo, ya que si lo hiciese este dejaría de ser Dios. De esta manera también descartamos cualquier argumento para la no existencia de Dios que intente hacer de este un mono de circo. Todos los argumentos que comienzan por la frase: “si Dios es omnipotente, que haga….” reducen a Dios a la misma temporalidad y física que el hombre.
Si Dios existe, está fuera de nuestro alcance. No lo podemos someter a pruebas en nuestro laboratorio. La humanidad solo puede conseguir comprender al cien por cien lo que posee la misma característica que esta: limitación espacio-temporal. Pero esto no quita que Dios no exista y que el hombre pueda intentar comprender parcialmente como y quién es Dios.
Hasta ahora, hemos hablado de Dios como originador y creador de la humanidad. Este tenía un buen “para qué” para la humanidad, pero tal y como vemos hoy no funcionó.
¿Quién y como es Dios? Al responder a esta pregunta podremos obtener más indicaciones sobre la existencia de Dios.

¿Para qué?

Los “para qué” no son fáciles de responder. Nunca lo fueron. Son capaces de desnudar cualquier acción desvelando tanto sus virtudes como sus vergüenzas. Al dar una respuesta al “para qué” de una acción, mostramos si esta, desde sus orígenes hasta su finalidad, es correcta o no.
Uno de los personajes ficticios que se ha visto sometido al escrutinio del “para qué” es Batman. Si le preguntamos el “por qué” de su identidad, nos responderá que se enfunda ese atuendo para sobreponerse a su propio miedo, llegando a dominarlo y convirtiéndolo en su propia identidad. Pero si le preguntamos: ¿Para qué ser Batman?, la respuesta es más difícil. En sus primeros años, nos responderá: para vengar la muerte de mis padres. Pero con el paso del tiempo, nos dirá que es Batman para evitar que Gotham siga en manos de criminales. En la película “El caballero oscuro”, un enemigo de Batman, el Joker, sacude el “para qué” de nuestro héroe. Batman cree ver que su “para qué” no tiene más consistencia, ya que en vez de limpiar Gotham de corrupción está (aparentemente) provocando su aumento. Por ello, está dispuesto a abandonarlo todo. Al no encontrar una buena respuesta a su “para qué”, nada tiene sentido.
De manera imperfecta, esto nos puede ayudar a comprender el “para qué” de la humanidad. Existen dos respuestas a nuestra pregunta, basándonos las dos teorías vistas en el artículo anterior:
  1. Evolucionismo. La ciencia no tiene un “para qué”. Si lo hace, ya no es únicamente ciencia, sino filosofía. El evolucionismo se jacta de basarse en postulados únicamente científicos, por lo cual hacerse esta pregunta iría en contra de su esencia. Al no tener la humanidad un “para qué”, se quedaría sin base moral alguna para sustentar no solo su origen sino su existencia presente y futura. El hombre sería el fruto de leyes físicas y no morales, y por lo tanto no tendría por qué dejarse gobernar por ley moral alguna.
  2. Creacionismo. Encontramos el “para qué” del creacionismo en la Biblia (origen de esta teoría). Dios crea el hombre a su imagen y semejanza y le da el dominio sobre todo lo que le rodea en la tierra. Dios recomienda al hombre que cuide de lo que se le ha otorgado, haciéndolo fructificar. Después, el Creador mira a su alrededor satisfecho, afirmando que todo lo creado, incluyendo el hombre, es bueno (Génesis 1:31).
¿Para qué creó Dios al hombre, y para qué le dio el dominio de un planeta tan rico como la tierra? Dios creó al hombre y a la mujer para que viviesen felices. Para ello los creó a su imagen y semejanza, capacitándolos para amar, crear y multiplicarse. También les dio una tierra que descubrir, disfrutar y cultivar. De esta manera el creacionismo da un gran valor al hombre dándole un origen y una razón para su existencia.
Pero el plan parece no haber tenido éxito. ¿Por qué? A partir de ahora intentaremos descubrir quién es Dios, cual era su plan inicial para nuestro planeta y para el universo entero y que ocurrió para que el plan no funcionase.

“El cristianismo, de ser una farsa, es de poca importancia, pero si no lo es, es de suma importancia”.