lunes, 22 de noviembre de 2010

Tiempo


¿Somos esclavos del tiempo?
Tristemente, la mayoría sí. Recuerdo que siendo niño, el tiempo no tenía mucha importancia. Aunque es verdad que esperaba con impaciencia la feliz hora del final de las clases, en muchas otras ocasiones el tiempo no importaba. Podía pasar horas mirando las estrellas, construyendo una cabaña en un árbol o jugando con mis amigos. Para lo que mi corazón amaba no había tiempo que estorbase.
Pasé gran parte de mi infancia mirando el cielo nocturno. Tuve la suerte de pasar vivir en uno de los numerosos apartamentos de un rascacielos. Este tenía casi en cada habitación enormes ventanas, que para mi felicidad me servían de perfectos observatorios del cielo. Uno de esos ventanales estaba justo en frente de mi cama, por lo cual muchas noches me dormí mirando un inmenso cielo plagado de estrellas. Recuerdo como mi imaginación infantil se perdía en ese cielo. Me intentaba imaginar que sería poder verse rodeado de esos astros brillantes. Pero lo que realmente me fascinaba era pensar en que es lo que podría haber detrás de esa cortina brillante que mis ojos veían. ¿Más estrellas, o quizás algo más? ¿Qué sería ese “algo más”, y cuánto tiempo tardaría en llegar este él? ¿Y después del “algo más”, que habría? ¿Tendría tiempo de conocer cada rincón de ese espacio infinito?
Somos seres finitos viviendo un universo que no lo es. Y lo que nos hace finitos es el “tiempo”.
Más pasaron los años para mí, más dejé de mirar hacia arriba, al cielo estrellado, para empezar a mirar de frente y hacia abajo. Comprendí lo que significaba “tener prisa” y cuan importante era “llegar a tiempo”. Ya no había exploraciones que hacer, aventuras que vivir, y desde entonces las agujas del reloj giran demasiado rápido para mí. Es el tiempo que manda sobre mí, y ya no soy yo quien dispone de él. El tiempo deja hoy su huella en todo lo que amo. Desde lo más profundo de mi corazón hasta su superficie, todo parece ser regido por el tiempo, el cual me recuerda que haga lo que haga, un día todo se acabará. Soy, o mejor dicho, somos esclavos del tiempo.
Pero que lo seamos no significa forzosamente que deberíamos serlo. Es curioso ver como no parecen encajar en la mente del hombre los términos “temporal” y “finito”. Lloramos al ver como alguien muere, deseamos que el tiempo sea eterno al lado de esa persona que nos fascina y siempre buscamos la manera de vivir más. ¿Y si hubiese algo más detrás de la cortina temporal que delimita nuestra vida?
¿Acaso es posible? ¿Pueden las aspiraciones del hombre proyectarse en la eternidad?
El objetivo de este blog es, en gran parte, encontrar posibles respuestas a estas preguntas. Y mientras buscamos, ojala podamos tener como lema la mítica frase de Star Trek:

El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise. Su misión: explorar nuevos y extraños mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, llegar con audacia donde ningún hombre a llegado anteriormente.”

No hay comentarios: