miércoles, 8 de diciembre de 2010

Creación

C.S. Lewis, autor de las Crónicas de Narnia, declaró: “El cristianismo, de ser una farsa, es de poca importancia, pero si no lo es, es de suma importancia”. ¿A qué viene esto? Aunque no inmediatamente, creo que esta cita será de gran ayuda para responder a las preguntas del último artículo: ¿Cuál es la naturaleza del hombre? ¿Quién o qué ha formado al ser humano, y para qué?
Para comenzar, considero indispensable saber si fue un “quien” o un “que” lo que originó a la humanidad y su entorno. Soy consciente de lo limitado que me encuentro para presentar este tema con amplitud. Aún así, me gustaría poder compartir contigo mi opinión personal.
¿Quién o qué nos creó? Estas son las dos respuestas principales:
  1. Evolucionismo (un “que”). El ser humano es el resultado de una combinación originada en una “caldo” milenario. En el encontró esta combinación las condiciones necesarias para desarrollarse, hasta convertirse en un ser viviente. Siguió adaptándose a las condiciones variantes de su entorno hasta el momento en el que asoma su nariz fuera del “caldo” y comienza a respirar. De esta manera, y con otra tanda de millones de años, el ser creció y se adaptó al llegando a ser un mono, y con el tiempo un hombre.
  2. Creacionismo (un “quien”). El ser humano y todo lo que le rodea tiene como origen un creador. Este formó al hombre con barro y le dio vida con un propósito específico: que se multiplicase y viviese una vida satisfactoria. El creador colocó el hombre al mando de todo lo creado sobre la tierra, confiando en su capacidad para administrarlo y disfrutarlo.
Nuestra sociedad ve la opción del evolucionismo como la más idónea para explicar nuestros orígenes. El creacionismo no es considerado como una opción aceptable y es etiquetado como “una mera creencia religiosa”. ¿Es realmente el creacionismo una opción tan descabellada y supersticiosa como nos la pintan?
Personalmente, creo que no. Una de las grandes barreras que impiden al ser humano mirar fuera de lo considerado “convencional” es la educación que le es impartida desde su niñez: creer únicamente en lo que ve o comprende (aunque solo parcialmente) y asumir que el progreso solo se encuentra mirando “hacia delante”. A esto se le puede añadir la idea tan difundida que considera a la ciencia y la religión como incompatibles (Ángeles y demonios, de Dan Brown).
Curiosamente, muchas disciplinas científicas nos presentan hechos que cuestionan estas premisas. La medicina descubre muy a su pesar que los mejores medicamentos echan raíces en la tierra y cubren los campos. La astronomía se queda a cuadros cuando se le pregunta que hay al otro lado del agujero negro y si ese muro espacio-temporal no esconde algo desconocido detrás. Por último, nadie comprendería que un reloj se forme al dejar unas cuantas tuercas en una caja durante cierto tiempo. Todos aceptamos que el reloj lo ha hecho alguien.
¿Evolución o creación? Para mí, creación. ¿Qué o quién nos creó? Un ser inteligente. No obstante, considero que la fuerza del creacionismo no reside en su “quien” sino en su “para que”.
¿Para qué fuimos creados?

lunes, 29 de noviembre de 2010

Eternidad

Eternidad: 1. Vida perdurable de la persona después de la muerte
2. Posesión simultánea y perfecta de una vida interminable, considerada atributo de Dios.

He aquí dos de las cuatro definiciones de “eternidad” que nos da la RAE. Es interesante ver como la noción de eternidad aparece conectada directamente a la de vida. Se puede deducir que al hombre no le vale la eternidad si esta muerto, o si vive una vida imperfecta. Por muchos años, y aún en la actualidad, muchos son los que han discutido sobre el por qué de la búsqueda de lo eterno. ¿Por qué el niño llora cuando se rompe su juguete? ¿Por qué al joven novio le parece, mientras su futura mujer camina hacia el altar, que van a vivir juntos para siempre? ¿Por qué inmortalizamos besos, viajes y navidades en fotografías? ¿Por qué lloramos cuando la vida de un ser humano se para? A estas preguntas, ha habido dos tipos de respuestas:
  1. El hecho de que el hombre sufra a causa de la temporalidad de la vida no significa que esta tenga que ser de otra manera. Cada uno de nosotros vive en un mundo temporal, en el que las cosas tienen un principio y un final. Esta idea es, nunca mejor dicho, ley de vida y más le vale al hombre aceptarlo para poder ser feliz.
  2. El hecho de que el hombre sufra a causa de la temporalidad de la vida puede ser un indicador de la existencia algo más. La razón por la que la mente humana no parece asimilar que lo bueno tenga un fin puede ser que lo bueno no siempre tuvo que tener un fin o que, a pesar de lo que parezca, no lo tiene.
Sin tomar ahora mismo partido por una posición u otra, la verdad es que la segunda esta muy presente en nuestra sociedad. Un ejemplo de esto es la exitosa película Avatar, de James Cameron. ¿Dónde está la clave del éxito de esta película con un guión poco original (recuerda mucho a Pocahontas)? De manera superficial podríamos decir en su magnifico espectáculo visual, pero esta respuesta me parece incompleta. En mi opinión, el éxito de Avatar radica en lo que provoca en el espectador: ilusión, puertas abiertas a un nuevo mundo lleno de vida y de color y en el que sus habitantes viven una vida feliz. Dicho de otra manera, el espectador pasa por el mismo proceso que el protagonista: de una silla de ruedas al lomo de un ave, del olvido al amor y del rechazo a la alabanza. Visto el éxito obtenido, la película supo despertar en millones de espectadores las ganas de soñar con una vida mejor, una vida eterna (en el mundo de Avatar nada muere), y sobretodo, una vida intensamente vivida.
    ¿Debe el hombre apagar su sed de eternidad, su deseo de trascendencia, y dejarse llevar por la aplastante temporalidad que le rodea? En mi opinión, eso sería ir en contra de su propia naturaleza.
En la Biblia, en Eclesiastés 3:11, podemos leer: “… ha puesto eternidad en el corazón de ellos.”
Si esto fuese cierto, la pregunta a hacerse ahora es ¿Cuál es la naturaleza del hombre? ¿Quién o qué ha formado al ser humano, y para qué?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Tiempo


¿Somos esclavos del tiempo?
Tristemente, la mayoría sí. Recuerdo que siendo niño, el tiempo no tenía mucha importancia. Aunque es verdad que esperaba con impaciencia la feliz hora del final de las clases, en muchas otras ocasiones el tiempo no importaba. Podía pasar horas mirando las estrellas, construyendo una cabaña en un árbol o jugando con mis amigos. Para lo que mi corazón amaba no había tiempo que estorbase.
Pasé gran parte de mi infancia mirando el cielo nocturno. Tuve la suerte de pasar vivir en uno de los numerosos apartamentos de un rascacielos. Este tenía casi en cada habitación enormes ventanas, que para mi felicidad me servían de perfectos observatorios del cielo. Uno de esos ventanales estaba justo en frente de mi cama, por lo cual muchas noches me dormí mirando un inmenso cielo plagado de estrellas. Recuerdo como mi imaginación infantil se perdía en ese cielo. Me intentaba imaginar que sería poder verse rodeado de esos astros brillantes. Pero lo que realmente me fascinaba era pensar en que es lo que podría haber detrás de esa cortina brillante que mis ojos veían. ¿Más estrellas, o quizás algo más? ¿Qué sería ese “algo más”, y cuánto tiempo tardaría en llegar este él? ¿Y después del “algo más”, que habría? ¿Tendría tiempo de conocer cada rincón de ese espacio infinito?
Somos seres finitos viviendo un universo que no lo es. Y lo que nos hace finitos es el “tiempo”.
Más pasaron los años para mí, más dejé de mirar hacia arriba, al cielo estrellado, para empezar a mirar de frente y hacia abajo. Comprendí lo que significaba “tener prisa” y cuan importante era “llegar a tiempo”. Ya no había exploraciones que hacer, aventuras que vivir, y desde entonces las agujas del reloj giran demasiado rápido para mí. Es el tiempo que manda sobre mí, y ya no soy yo quien dispone de él. El tiempo deja hoy su huella en todo lo que amo. Desde lo más profundo de mi corazón hasta su superficie, todo parece ser regido por el tiempo, el cual me recuerda que haga lo que haga, un día todo se acabará. Soy, o mejor dicho, somos esclavos del tiempo.
Pero que lo seamos no significa forzosamente que deberíamos serlo. Es curioso ver como no parecen encajar en la mente del hombre los términos “temporal” y “finito”. Lloramos al ver como alguien muere, deseamos que el tiempo sea eterno al lado de esa persona que nos fascina y siempre buscamos la manera de vivir más. ¿Y si hubiese algo más detrás de la cortina temporal que delimita nuestra vida?
¿Acaso es posible? ¿Pueden las aspiraciones del hombre proyectarse en la eternidad?
El objetivo de este blog es, en gran parte, encontrar posibles respuestas a estas preguntas. Y mientras buscamos, ojala podamos tener como lema la mítica frase de Star Trek:

El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise. Su misión: explorar nuevos y extraños mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, llegar con audacia donde ningún hombre a llegado anteriormente.”